Abrazando mi pobreza

El campamento de verano que hicimos con los niños de la parroquia a principios de mes estuvo ambientado en la temática de los superhéroes. Allí invitamos a los niños a que descubriesen qué «super-poderes» o dones tienen y cómo los utilizan. Al hacerlo, me di cuenta de que a algunos niños les costaba pensar en sus cualidades. Me quedé pensando en que a veces nos ocurre lo mismo a los adultos: estamos faltos en confianza hacia nosotros mismos y no somos capaces de ver esos poderes que nos hacen únicos.

El Camino de Santiago que hemos hecho algunos jóvenes de la parroquia me ha mostrado la otra cara de la misma moneda: aceptarnos a nosotros mismos supone conocer nuestros fuertes pero también nuestras debilidades. En el Camino salen ampollas, te cansas, a veces te ves incapaz de subir una cuesta pronunciada porque la mochila te tira para atrás, aparecen lesiones, a ratos estás de mal humor o de bajón anímico, tienes el peligro de ir a lo tuyo si el cansancio no te permite ver las dificultades de otros… Es cierto que la peregrinación también saca lo mejor de ti: ayudas a los demás, sacas fuerzas de flaqueza para no pararte, animas a quien lo necesita, profundizas en tu vida y en tu corazón… pero esto es más fácil de asumir, porque es positivo. ¿Qué pasa con todo lo que nos sale mal, con todas las cosas que no nos gustan de nosotros mismos? También hay que caminar con ellas.

Como decía, el Camino me ha ayudado a seguir agradeciendo mis dones, como los superhéroes del campamento, pero abrazando también mis debilidades, mis pobrezas. No sólo he tenido y tengo que caminar con ellas, sino que además son parte de mí. Es bonito ver cómo los demás peregrinos que caminan contigo te quieren y aceptan tal y como eres, también con esas cosas menos buenas. Y quien las abraza en grado sumo es Dios, que impulsa el bien en nosotros pero sin dejar de contar con nuestros límites.

Espero seguir caminando hacia esa forma de amarme a mí misma, aunque a veces resulte tan difícil: agradeciendo y abrazando todo lo que soy, mejor o peor. Gracias a todos los que camináis conmigo y me lo ponéis más fácil.

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El buen cansancio

He estado a punto de no publicar hoy porque acabo de volver de un campamento de la parroquia y mañana me voy al Camino de Santiago, también con gente de la parroquia. Pero cuando estaba a punto de cerrar el ordenador e irme a dormir me ha venido un tema a la cabeza que tiene mucho que ver con lo que estoy viviendo estos días y que quiero compartir aquí: lo que significa «el buen cansancio».

Como me ha dicho tantas veces un amigo, cuando algo no nos gusta o nos parece una obligación asumida a la fuerza sentimos que el tiempo y la energía se nos quitan, no que los entregamos. A veces vivimos el cansancio así: como un peso, como algo negativo, algo que implica que hemos «perdido» algo. Sin embargo hay otro tipo de cansancio: el que aquí califico como bueno, porque lo vivimos como signo no de que se nos ha quitado nada sino de que hemos entregado lo que tenemos y somos para los demás. En el buen cansancio no hay frustración, sino la satisfacción del trabajo bien hecho. La fe en que aquello por lo que nos hemos cansado merece la pena y tiene sentido es la que nos mantiene entregándonos a pesar del cansancio.

En mi caso he vivido la preparación del campamento con este tipo de cansancio, aunque es de justicia reconocer que me he cansado menos de lo que esperaba, quizá precisamente por esto mismo: la ilusión y convicción en aquello que hacía. Sé que la labor educativa y evangelizadora que hemos intentado allí merece la pena y que los niños y monitores hemos crecido unos gracias a otros. Es sólo un pequeño ejemplo de algo que puede ser un estilo de vida: vivir el cansancio como entrega y no como peso. Ahora bien, soy consciente de que hay situaciones que no dependen de nosotros en las que es difícil no vivir el cansancio como negativo. No obstante creo que muchas veces sí podríamos elegir vivir el cansancio de forma positiva pero no lo hacemos.

Sé que mañana al comenzar el Camino de Santiago comenzará también algo de cansancio, pero confío en que será positivo. Ahora voy a descansar un poco, que el cansancio positivo es bueno, pero sigue siendo cansancio.