Qué hacer con el tiempo que se nos da

«Me gustaría que no hubiera tenido que pasar en mi época», dijo Frodo. «A mí también», dijo Gandalf, «y a todos los que viven para ver tiempos así. Pero no pueden decidir ellos. Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos da.»

(J.R.R. Tolkien, The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, London 2001, p. 67. Traducción mía del original).

Como hice en el post de Star Wars, introduzco una pequeña cuña publicitaria: recomiendo la lectura de El Señor de los Anillos a quien no lo haya leído. Es una historia magnífica y creo que está llena de reflexiones interesantes si sabemos leer con un mínimo de profundidad. Aunque los personajes, los lugares, los tiempos, los idiomas y todo en general es fantástico, las inquietudes que subyacen son las que hemos tenido y tenemos todos los seres humanos a lo largo de toda la historia.

Volviendo a la cita con la que empiezo el post, es de una escena del primer libro de la trilogía que me gusta mucho. Gandalf, el mago, está sentado en casa de Frodo, un hobbit, contándole cosas peligrosas e inverosímiles sobre el mundo que está más allá de la pequeña Comarca donde los hobbits viven en paz y tranquilidad. Frodo empieza a agobiarse: ¡con lo cómodo que estaba él en su pedacito de tierra sin tener que preocuparse por nada! Qué miedo entra cuando ves que el mal, el peligro, se acerca a tu zona de confort y encima te implica de lleno a ti (en su caso, porque él tenía el anillo de poder). Todo hubiera sido mejor si, como dice en el diálogo de arriba, la reorganización de las fuerzas del mal no hubiera ocurrido en su época.

La respuesta de Gandalf es muy sabia. Claro que todos querríamos vivir sin preocupaciones, sin peligros que nos acechen, sin quebraderos de cabeza. Pero eso no podemos elegirlo nosotros. Es más, añado, en todos los tiempos hay quebraderos de cabeza. Las cosas no son siempre fáciles o inocuas. En la vida hay de todo. Y, en palabras del sabio mago, «lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos da».

Me parece que a veces perdemos demasiadas energías deseando que las cosas fueran distintas y no la aprovechamos para decidir cómo encajar esas cosas que ocurren o cómo contribuir personalmente a que mejoren. La queja es a veces necesaria para desahogarnos, pero cuando se convierte en una vía de escape y nos lleva al quietismo resignado y pesimista nos acaba destruyendo. ¡Dejemos de lamentarnos tanto y elijamos qué hacer con el tiempo que se nos ha dado!