Lucifer

Ayer terminé los exámenes y por la tarde me encontraba totalmente «zombi». Era incapaz de pensar ni de moverme, ¡qué cansancio! (no por el hecho de tener exámenes, sino por haberlos tenido todos en la misma semana al mismo tiempo que trabajaba). Así que decidí que llevaba mucho tiempo sin ver series y que era un buen momento para ver algo y descansar la mente. Recordé que unos amigos de la parroquia me habían recomendado la serie llamada «Lucifer», que trata sobre el diablo (como su propio nombre indica), que se cansa de estar en el infierno y decide ir a la tierra a vivir su propia vida. No cuento mucho más para no hacer «spoilers».

La verdad es que la serie me enganchó y me ha dado qué pensar. Es cierto que tiene muchos elementos de típica «americanada»: protagonista un poco excéntrico e incluso egocéntrico pero que luego es más bueno de lo que parece; policía que colabora con alguien totalmente ajeno al cuerpo como si fuera algo totalmente normal (cada vez ocurre en más series, nos vamos a acabar creyendo que funciona así); por supuesto la policíaca pareja son un hombre y una mujer entre los que hay una cierta tensión-atracción extraña; la policía protagonista es la típica que lo hace todo bien y siempre es buena pero al mismo tiempo es muy humana (como casi todas las protagonistas de los últimos libros y películas… creo que sería un tema interesante de analizar) y un largo etcétera. Y, con todos los clichés que se quiera, la serie tiene un toque de originalidad. Al fin y al cabo, es el mismísimo demonio el que la protagoniza, y la manera en que nos presentan a este personaje es, para mi gusto, muy original. Todo el mundo le achaca ser el causante o incitador del mal, cuando él piensa que no es así, que él solo castiga a quien merece ser castigado y que esa es una función que le ha sido impuesta (función que por un lado quiere y por otro lado no). Pero al mismo tiempo sí que incita a la gente a cometer algunas acciones malas… o, por lo menos, egoístas, y desde luego es un personaje muy egocéntrico (y ¿no es el egoísmo una de las principales raíces del mal?). Estos y otros aspectos van apareciendo a lo largo de los capítulos, en ocasiones en medio de conversaciones muy interesantes sobre la actuación y el plan de Dios, la libertad humana, la raíz del mal, el sentido del castigo, los ángeles y los demonios…

Me ha gustado lo que de momento he visto de la serie precisamente por ser capaz de despertar todas estas preguntas de una forma actual y atractiva para la gente. No sé cómo acabará ni cuál es la pretensión de los guionistas, pero de entrada me parece interesante desenterrar los relatos, las creencias y los mitos sobre los ángeles y los demonios (mitos que en la serie aparecen mezclados y como en constante pugna y diálogo entre las distintas concepciones), porque en el fondo nos llevan ante las preguntas más importantes para los seres humanos: ¿por qué existe el mal? ¿Qué nos espera tras la muerte? ¿Cuál es el plan de Dios, si es que creemos en él? ¿Qué importancia tiene nuestra libertad de cara a nuestro destino? ¿El mal queda siempre impune? El propio Lucifer es un retrato de la humanidad… lo que anhelamos, las contradicciones que encontramos en nosotros, lo que nos deslumbra, lo que nos desmonta… Creo que esta serie me va a inspirar más de una entrada. No os preocupéis, que cuando haya «spoilers» avisaré.

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«Al sueño de la vida hablan despiertos»

«Retirado en la paz de estos desiertos,

Con pocos, pero doctos libros juntos,

Vivo en conversación con los difuntos,

Y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

O enmiendan o fecundan mis asuntos,

Y en músicos callados contrapuntos

Al sueño de la vida hablan despiertos».

(Quevedo, Soneto desde la Torre de Juan Abad, en Parnaso español, 1648).

Entre el trabajo y la época de exámenes no tengo casi tiempo para leer cosas que me apetecen. Así que cuando nos leyó un profesor en clase este precioso soneto de Quevedo me puse más nostálgica aún… ¡qué ganas de coger un libro de Teología o una novela buena! Desde luego, hay gente a la que no hemos conocido, pero que nos han cambiado: enmiendan y fecundan nuestros asuntos… y «al sueño de la vida hablan despiertos». De momento los tengo «dormidos» en la estantería, pero estoy deseando despertarlos para conversar con ellos.