Siempre

El fin de semana pasado mis amigas me llevaron a hacer barranquismo y otras actividades en Extremadura; lo pasamos genial. Se notaba que habían pensado mucho en mí a la hora de organizar el finde juntas.

Desde hace mucho tiempo tenemos el lema «siempre», que ni recuerdo quién empezó a utilizarlo ni por qué, ni cuándo fue, ni nada… sólo sé que lo suelen poner cuando hacemos algo juntas o cuando suben una foto a Facebook. Es la típica cosa que sabes que está ahí, pero a la que no le das más vueltas. Hasta el otro día. Como parte del regalo, trajeron globitos con forma de las letras de la palabra «siempre». Casualidades no tan casuales, la única deshinchada era la «M».

Llevo toda la semana recordando la imagen de todas con las letras y con mi imagen agarrando la «M» deshinchada. Creo que esa imagen expresa mejor que las palabras lo que sentí durante esos dos días, y en general en los últimos tiempos.

Decimos muchas veces que el amor tiene vocación de eternidad, y es lo que vamos a celebrar en el matrimonio dentro de unos meses. Estos días he caído en la cuenta de que todo tipo de amor pide eternidad, también la amistad. Y por eso no es para nada baladí que el lema de mis amigas sea «siempre». «Siempre» es la típica palabra que puede quedar muy bien y ser muy vacía si no se pronuncia con sinceridad. Y creo que en este caso el valor que tiene es, precisamente, que la pronunciamos a conciencia y la hacemos posible con nuestras elecciones, nuestra preocupación unas por otras, nuestra alegría ante los triunfos de las demás, nuestros consejos dados y recibidos, nuestra paciencia con los defectos de las demás, así como el reconocimiento ante las otras de los fallos propios…

En el fondo, ya lo sabía. Pero ha hecho falta verme con las letras para caer en la cuenta de la suerte que es tener amigas que quieren serlo para «siempre». Y que quieren serlo sean cuales sean las circunstancias: cuando les contamos que nos casábamos, participando de nuestra alegría e ilusión; cuando me ven triste, comprendiéndome y animándome; y cuando estoy, como en estos días después del ritmo del curso, «deshinchada», simplemente sosteniéndome con su cariño.

No puedo más que dar gracias por ellas, por su amistad, y por el regalo que es la promesa de alguien de que «siempre» te querrá… o, al menos, que «siempre» querrá intentar quererte, que siempre apostará por ti, aunque a veces no des la talla. No hace falta que la letra esté hinchada para que esté; lo importante es que esté… «siempre».

[Dedicado a Sandra, Isa, bEa, Mery, Pilar, Rocío y adE… muy agradecida por el regalo que son y «siempre» serán.]

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