Hacer memoria para combatir el desánimo

Han pasado justo 40 días desde que acabé con mis obligaciones académicas y laborales. Más o menos el tiempo que llevo sin escribir en este blog… Desde entonces, he estado poco inspirada para todo lo que implica actividad mental y especialmente para todo lo relacionado con la escritura.

Durante todo este mes y pico he tenido la sensación de cierto desánimo. Tenía pocas ganas de hacer determinadas cosas porque me sentía sin inspiración y sin eficacia a la hora de hacerlas. También sentía no estar haciendo nada, pero tampoco paraba como para poder desconectar del todo. Vamos, una sensación de que ni era la rutina del curso, ni eran vacaciones…

A ratos he dejado que esa sensación se apropiase de la totalidad de mi percepción del verano, como si todo hubiese sido pasotismo y pocas ganas. Pero cuando he parado a hacer memoria de los buenos momentos, me he dado cuenta de que han sido muchos, sobre todo momentos con otra gente, pero también algunos que he pasado yo sola. Y he pensado que, quizá, a veces nos dejamos tiranizar por nuestras emociones y que hacer memoria nos ayuda a ser honestos con nosotros mismos. Quizá hubiera deseado vivir esta etapa de forma más intensa, sí. Pero a pesar de mi estado como «desinflado» (para como estoy otras veces), he disfrutado las cosas y las he vivido desde el interior, no superficialmente. El problema es que dejemos que las emociones sean las que decidan sobre la importancia y profundidad de lo que vivimos.

Así que como terapia me he obligado a pensar 40 momentos (uno por cada día desde el uno de julio) en los que realmente he vivido a fondo y/o he disfrutado lo que estaba haciendo. Aquí os los dejo. Si os veis en la misma situación… creo que buscar esos momentos os ayudará. A mí desde luego me ha ayudado.

  1. La visita de unas buenas amigas de Dominicana en julio.
  2. La lectura de una novela que me enganchó y leí en tres días.
  3. Pasear por Madrid con mi padrino y su mujer, a los que hace siglos que no veía.
  4. La comida con una buena amiga de la universidad con la que hacía mucho que no comía.
  5. Las cinco horas de viaje hasta León cotilleando con una amiga sobre todo lo habido y por haber.
  6. La llegada al campamento en el que colaboré (parroquia del Pilar de Campamento), cuando los niños me saludaban con un beso en la mano por ser “la reina de Inglaterra”.
  7. La batalla nocturna en el campamento en la que los monitores acabamos calados.
  8. En general, todos los momentos con los niños y monitores en el campamento, que fueron muchos; fue especialmente bonita la misa del último día.
  9. Las cinco horas de vuelta de León con mi cuñado poniéndonos al día de todo.
  10. La ayuda de dos amigas para traer todas las cajas con mis libros al piso y la posterior cenita para estrenar la cocina.
  11. Los cinco días en el monasterio de una amiga, rezando y descansando (creo que ha sido el momento más “vacacional” de todo el verano).
  12. El atardecer del monasterio, espectacular.
  13. Hablar allí con dos amigas muy cercanas de cosas que nos importan.
  14. El cuadro tan chulo que nos ha pintado una amiga.
  15. La lectura de un libro de Rahner que me caló mucho.
  16. La “excursión” a Córdoba a recoger el ajuar que nos habían juntado los abuelos.
  17. Una cena en Córdoba en la terraza de un buen amigo… ¡¡donde pasé tanto fresco que acabé con sudadera, en pleno julio!!
  18. La película en el cine de verano en Córdoba comiendo pipas y altramuces.
  19. El paseo por Ikea para elegir muebles para la casa.
  20. Montar los muebles.
  21. Jugar al Carcasonne con mis hermanos y un amigo en la casa nueva.
  22. Ordenar mis apuntes de Filosofía, tirar lo prescindible y guardar a cada filósofo en su carpeta (sí, ordenar me relaja a veces… sobre todo cuando hay un buen resultado final).
  23. Conseguir encajar todos mis libros en los diversos rincones de la casa nueva.
  24. La sesión de fotos con un buen amigo cerca de Guadarrama.
  25. Las dos sesiones de peluquería y maquillaje con una amiga, en las que nos reímos y hablamos mucho.
  26. Las seis horas de conversación con mi hermana, con las que batimos nuestro récord.
  27. Ir a correr a la casa de campo al atardecer por primera vez en varios meses.
  28. Ver el atardecer desde el nuevo piso, con todos los tonos que se difuminan en el cielo.
  29. La sorpresa que nos dieron dos buenas amigas, una de ellas conectada por Whatsapp desde Irlanda.
  30. El ataque de risa generalizado en mi casa cuando intentábamos pensar anécdotas de gente de la familia que no fuera mi abuelo César y sólo nos salían anécdotas de él. En general, varias sobremesas que hemos tenido en este plan.
  31. Cenar y jugar al Monopoly de cartas con dos amigos en la nueva casa.
  32. El día que conocí la casa de mi cuñado y la cena tan rica que nos preparó.
  33. Ver la película nueva de Spiderman en el cine, con la que me reí un montón.
  34. Comprar cosas para la casa en el mercadillo del barrio.
  35. El picnic en la Casa de campo por el cumple de una amiga, en el que hablé con bastante gente de cosas interesantes.
  36. Empezar un libro de visitas en casa y ya tener dedicatorias de colorines y hasta en árabe.
  37. La comida con mis tíos, a los que hace mucho que no veía.
  38. Los mensajes intercambiados con mucha gente durante este tiempo, con sus muestras de afecto e ilusión por la nueva etapa que comenzamos.
  39. Varias conversaciones telefónicas que han sido importantes y me han ayudado personalmente.
  40. Ver que por fin he podido escribir algo (esta entrada) y, aunque no siento la escritura tan fluida como otras veces, al menos voy rompiendo el cascarón de la falta de inspiración.

La verdad es que las 40 me han salido del tirón… y siento que se me quedan bastantes cosas por decir. ¿Moraleja? Qué mal nos hacen las ralladas mentales que nos incitan a olvidar los buenos momentos… quizá no he estado al 100%, pero viendo la lista no puedo decirme a mí misma que no he hecho nada y menos aún que no he disfrutado nada este mes. Sobre todo, porque siguen quedando cosas que no están ahí… y en total hacen más de una cosa al día. Por lo tanto, incluso desde la mentalidad de eficiencia y aprovechamiento, mi sensación de no haber hecho nada cae por su propio peso.

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