I.E. #1: No ir de puntillas por la vida

Quiero abordar hoy esta primera inquietud existencial (I.E.) que me planteó una persona tras la famosa encuesta que os envié. No la formuló como una pregunta, sino como una preocupación: le agobia la sensación de que muchas veces vamos por la vida como de puntillas, como sin vivirla a fondo, sin ahondar en ciertas cosas y añadía que le preocupa especialmente en las relaciones personales.

¿Por qué empezar por esta inquietud? Porque cuando la leí pensé que es de las primeras y más importantes, al menos como paso previo para poder adentrarse en las otras. Es muy difícil plantearse de verdad una pregunta existencial y querer aproximar una respuesta que (al menos en parte) nos convenza si no estamos dispuestos a vivir profundamente. De lo contrario, la respuesta que demos será superficial y antes o después nos dejará insatisfechos. Solo lo que se gesta en la profundidad va a la raíz de nuestro ser y por eso nos puede ayudar a construir un sentido y encontrar un horizonte de plenitud.

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo no ir de puntillas por la vida? ¿Cómo bajar a la profundidad? No os voy a dar una respuesta concreta (recordad que cada uno tenemos que buscar la nuestra), sino que voy a compartir con vosotros una imagen que esta semana me ha ayudado a pensar este tema: la clásica imagen del iceberg.

Un iceberg es una gran masa de hielo que se encuentra en el mar y de la cual sobresale solo una parte. Nosotros somos parecidos: lo que se percibe a simple vista de nosotros no es más que una pequeña parte de lo que somos. Vivir superficialmente sería como acercarse al iceberg contando solo con su parte visible e ignorando que hay una gran masa debajo del agua. Quizá no ignorándolo del todo, pero en todo caso no queriendo tomar en serio que es así.

Vivir profundamente consiste, en primer lugar, en creer que existe esa parte oculta (que muchas veces es la mayor parte) y que es tan importante o más que la parte que se ve. En segundo lugar, consiste en atreverse a darse el chapuzón para bajar a la parte escondida. No es algo inmediato: hay que estar dispuesto a nadar, a bajar, a aguantar la respiración y soportar el frío. No siempre es una experiencia placentera ni siempre es fácil, pero es necesario familiarizarse con esa parte para dar el siguiente paso: vivir contando con esas profundidades, pues así vivimos mejor que engañándonos y pensando que solo existe el piquito de fuera. Cuando algo colisiona desde lo más hondo del mar, estaremos totalmente perdidos si creemos que solo existe lo que hay fuera, ya que ahí no se ve lo que ha chocado con nosotros en nuestras profundidades.

Me diréis que la imagen solo nos hace conscientes de todo lo que hay en nosotros que no conocemos, pero que no nos dice cómo hacerlo. ¡Cierto! Porque no hay una receta válida tal cual para todos: cada uno somos un mundo. Algunas pistas que a mí me ayudan: 1) Ser crítica contigo misma y sospechar que detrás de cada reacción y planteamiento que haces hay mucha «trastienda». Acabas encontrando muchas cosas que no esperabas: sentimientos, miedos, ilusiones, cosas que das por supuestas sin darte cuenta… 2) Dedicar tiempo a explorar esa parte sumergida; pararte a pensar; escribir (si te ayuda, a mí me ayuda mucho a sacarlo y objetivarlo). 3) Dialogar con los demás, que muchas veces te hacen de espejo y te ayudan a objetivar ciertas cosas. 4) A mí me ayuda mucho rezar, porque Dios es el mejor maestro en esto de descubrirte cosas de ti misma que ni sospechabas. 5) Vivir todo con densidad, presente en lo que estás haciendo y no pendiente de lo que no ha llegado (aunque en esto también hay que pensar, pero en el momento adecuado) e intentando actuar conforme a tus valores y prioridades en la vida y no dejándote llevar.

Hay muchas más cosas. Estas son algunas que a mí me ayudan. Lo fundamental creo que es el cambio de actitud: no iremos de puntillas por la vida cuando seamos conscientes de que lo estamos haciendo, no queramos seguir haciéndolo y pongamos los medios para ello. Eres un iceberg: grande, hermoso, misterioso. No te contentes con un trocito que sobresale. Aprende a bucear para contemplar el resto. Solo desde ahí puedes profundizar en todo lo demás, como por ejemplo en tus relaciones interpersonales. Al fin y al cabo, los demás también son icebergs. Si no aprendes a sumergirte en ti, difícilmente lo harás de verdad en ellos.

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2 comentarios en “I.E. #1: No ir de puntillas por la vida

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