Juego de Tronos

Aunque el “fenómeno Juego de Tronos” lleva años estando ahí, reconozco que nunca me había interesado por esta serie (ni por los libros que la inspiraron). De hecho, tenía bastantes prejuicios hacia ella, pues me habían dicho que era muy violenta, obscena y explícita en varios sentidos.

Sin embargo, este año me animé a verla por tener algo que ver con mi marido por las noches y desconectar un poco del ajetreo del día. Al principio no me enganchó del tirón, aunque tampoco la repelí. Veía los capítulos haciendo otras cosas, como colorear mandalas (muy relajante, por cierto), y por eso no siempre estaba del todo atenta y tenía que preguntar algunas cosas después. Con el tiempo la serie me fue enganchando, sobre todo las últimas temporadas (quizá porque ya tenía más tiempo para verla y avanzaba más rápido, y también porque cuanto más se acerca el final más expectación tienes por saber qué ocurre).

Como veis, no he vivido el fenómeno fan que ha despertado la serie como los demás. No he esperado ansiosa año tras año a que saliera una nueva temporada ni he tenido tiempo de “rallarme” con teorías sobre lo que pasaría, ya que la he visto más o menos del tirón, en pocos meses, y cuando ya toda la serie estaba rodada (la última temporada es reciente, pero cuando llegué a ella ya había salido). Por eso quizá mi perspectiva es algo diferente. Sin embargo, como al final sí me “vicié” un poco porque quería saber cómo acababa, he podido observar en mí misma qué me atraía de la serie y eso me ha ayudado a pensar por qué habría tenido tanto éxito con otras personas.

Podríamos analizar muchos elementos distintos, y seguramente dedicaré otras entradas a algunos de ellos. Hoy me quedo con la lectura general. La serie te capta porque es una buena historia, con una trama más o menos compleja en la que intervienen muchos personajes y que evoluciona constantemente, a veces con saltos inesperados. Además, los personajes presentan su propia evolución, que es interesante de observar. Juego de Tronos ha sabido volcar estas cualidades de una buena historia en el formato “serie”, que es tan popular hoy, además con buenos medios: buenos efectos, buen vestuario, buenos escenarios, buen reparto, etc.

Sin embargo, no han faltado buenas historias, como esta y mejores, en la historia de la literatura. Por ejemplo, El Señor de los Anillos es también una historia fantástica, con muchos y variados personajes, con una trama general que a su vez englobaba las diversas historias y misiones de los personajes, etc. Y yo personalmente diría que El Señor de los Anillos es mejor que Juego de Tronos. Si esta ha tenido tanto éxito es porque se nos ha dado en un formato y con una calidad que hoy “venden”.

También hay otras razones. Entre ellas, he escuchado a bastante gente señalar que le gustaba la serie por ser menos “idealista” que otras narrativas, por presentar la vida “en su crudeza” y todos los personajes con sus grises y luchas internas, sin caer en el prototipo del héroe perfecto contra el “malo malísimo”. En este sentido, creo que en parte es cierto, pero a mí me parece que la serie, sobre todo al principio, peca de un pesimismo antropológico excesivo. Una cosa es que se presente la vida en su crudeza y en su complejidad, y otra muy distinta mirar la realidad ya con esa presuposición de que todo el mundo es egoísta y de que los buenos salen perdiendo en un mundo gobernado por los malos.

La realidad, evidentemente, tiene cosas buenas y malas. Las personas también. Igual de poco realista es verlo todo en positivo como verlo todo en negativo. Juego de Tronos tampoco pretende mostrar una realidad del todo negativa, pero mi impresión es que el comienzo es bastante pesimista en cuanto a la visión del ser humano y que después la propia serie se va corrigiendo y mostrando el lado bueno de unos y otros.

Hay gente que se ha frustrado con el final de Juego de Tronos porque esperaba un final más épico, feliz o simplemente como lo había imaginado. Pero si desde el principio todo el mundo alababa esa falta de idealización en la serie… ¿no sería coherente estar conforme con un final no tan “ideal” o típico? Esto me ha hecho pensar que, en realidad, todos queremos que las historias acaben bien. Y creo que esto es así por un motivo antropológico: el ser humano necesita razones para la esperanza, necesita creer que el bien es posible y en el fondo lo desea con todo su corazón. Por eso, por más que pongamos la fachada de resignación con un mundo cruel, en realidad deseamos el mundo que querríamos tener, y las historias nos ayudan a creer que es posible. Una buena historia nunca será “facilonamente idealista”, pero nos hará alimentar la esperanza en que es posible vencer el mal y construir un mundo mejor (por ejemplo, El Señor de los Anillos así lo hace).

Cuando una historia no lleva a eso, también podemos aprender de ella, analizando por qué nos choca lo que nos choca y qué esperábamos de ella que no nos ha dado. En algunos puntos, así me ha pasado a mí con Juego de Tronos. Aunque también reconozco que hay otros puntos en los que sí me ha satisfecho. Por otra parte, quitando las cuestiones en las que la serie puede ser juzgada objetivamente (como cualquier obra de arte), queda una parte subjetiva sobre la cual no tenemos el control. Que a mí me guste más o menos no quiere decir que sea mejor o peor. Pero sí me puede hacer reflexionar sobre por qué me ha merecido ese juicio, y me parece que ese análisis nos da mucha información sobre lo que anhelamos y lo que esperamos. Como veis, estoy siendo un poco abstracta, para intentar evitar los spoilers. En otro momento analizaré puntos concretos en los que la discusión puede ser más rica.

Resumiendo: me ha parecido una buena serie con una buena historia, pero tampoco la “panacea”, porque ha habido buenísimas historias antes que esta (de muchas de ellas bebe seguro, por otra parte); es interesante la evolución de los personajes y el hecho de que se nos muestre su lado más claro y el más oscuro, pero en algunos momentos se peca en exceso de lo segundo, como si siempre tuviera más fuerza; independientemente de los derroteros que haya tomado la serie y las emociones que eso nos haya producido, podemos aprender de ella al reflexionar sobre qué nos ha provocado; finalmente, debemos ser conscientes de que desear un “final feliz” no tiene por qué ser infantil por nuestra parte, sino que nos está informando sobre nuestra condición humana, necesitada de bien y de esperanza.

Otro día me meto en cuestiones más concretas. Entre ellas, el tipo de “héroes” que nos propone la serie y cómo es nuestra identificación con ellos.

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