Felices = amados

Hace unas semanas estábamos Rober y yo de viaje con dos amigos y un día por la noche nos pusimos filosóficos; nos hacíamos preguntas «profundas» y cada uno daba su respuesta. En una de estas, alguien (creo que fui yo) preguntó qué era para los demás ser feliz. Cada uno dio su respuesta. Cuando me tocó mi turno dije: «para mí ser feliz es saberme amada». Lo dije de sopetón, casi sin pensarlo, pero después le he dado bastantes vueltas y estoy muy convencida de esta definición. Porque cuando me sé amada soy feliz, siento mi vida plena de raíz, a pesar de que haya cosas que vayan mal o sucesos que me pongan triste.

Ayer fue la boda de mi hermana Marcela y mi cuñado Matías. El evangelio que eligieron para la celebración fue el de las bienaventuranzas. A primera vista, puede parecer curioso que elijan un evangelio donde se llama bienaventurados o felices a los pobres, los que lloran, los que quieren justicia, los mansos, los perseguidos… sin embargo, teniendo en mente mi definición de felicidad me pareció un evangelio de lo más coherente para un matrimonio: la felicidad está en el amor que se tienen y que ayer se prometieron para siempre ante todos los que estábamos allí. Y ese amor no se ve menguado por los momentos de tristeza, las injusticias o dificultades de la vida.

Como supongo que os pasaría a quienes también estuvierais en la boda y los conocierais bien, para mí esta reflexión tuvo una hondura especial, puesto que la alegría desbordante que compartimos con ellos ayer no era una alegría ingenua ni mucho menos superficial. Realmente han pasado muchas dificultades de todo tipo y estas en vez de separarlos los han unido más. Han luchado por estar juntos de manera incansable. Por eso verlos celebrar su amor ayer no fue un facilón «felices para siempre» de algunas películas, sino la verdadera alegría de ver que el amor triunfa sobre todos los problemas y dificultades; su «felices para siempre» o «bienaventurados para siempre» fue la promesa de mantener la apuesta que ya vienen haciendo mucho tiempo: quererse contra viento y marea y medir su felicidad en la calidad de su amor y no en las comodidades de su vida.

Gracias, Marce y Matías, por el día tan maravilloso que pasamos ayer con vosotros. Y gracias a todos los que aportasteis vuestro granito de arena para que así fuera.

[A mis lectores habituales: sé que tenía que haber retomado ya vuestras inquietudes existenciales, pero como veis están pasando muchas cosas importantes en mi vida que no podía dejar de compartir. Espero retomarlas pronto.]

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